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Segunda entrega: DECISIÓN-ACCIÓN Y REACCIÓN

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Segunda entrega: DECISIÓN-ACCIÓN Y REACCIÓN

Mensaje por Jill Y. Knuckhör el Jue Jun 21, 2012 2:51 pm

20 - 04 - 2012 | 01:22 am

Pasos bastante rápidos se aproximaban por uno de los pasadizos subterráneos secretos del internado, al ser la estructura cavernosa de pura roca y tierra los pasos o cualquier ruido que rompiese la paz y el silencio del lugar quedaban amplificados por el eco que se producía en el interior.
Una figura alta y corpulenta corría desesperadamente como tratando de huir de algo o alguien, su entrecortada y acelerada respiración indicaba que ya llevaba un rato corriendo aunque siendo un vampiro podía prescindir de aquello. Seguramente que fuera la costumbre de aparentar ser un humano la que hiciese que en este momento de gran desgaste energético también estuviese aparentando respirar cuando podía ahorrárselo y centrarse solo en correr todo lo rápido que un vampiro de su nivel podía correr. De vez en cuando giraba la cabeza para ver si aquello de lo que tanto huía le seguía persiguiendo o no pero en ningún momento aminoró la marcha hasta que de pronto Un estallido de luz cegadora surgió de la nada justo delante de él y chocó fuertemente contra un cuerpo de algo que había aparecido de la luz. Salió despedido hacia atrás cayendo de culo y soltando un objeto rectangular que había estado llevando consigo bajo el brazo desde el inicio de su carrera, una grieta en el suelo indicaba el recorrido hacia atrás que había hecho el muchacho desde que cayó hasta que se frenó. Pitt alzó la vista entre asustado y furioso para ver aquello con lo que había chocado, entonces vio a Ian parado frente a él con su particular rostro neutro y ligeramente inclinado hacia delante debido a que el choque contra el vampiro le había propinado un fuerte golpe y seguramente tuviese alguna costilla rota o alguna parte de su abdomen o pecho dañado. Pero ahora no era tiempo de lamentarse o quejarse, él había aparecido por algo. El ángel oscuro avanzó un par de pasos, Pitt se lanzó a un lado para recoger la ouija y sostenerla contra su pecho.

-Dame la ouija, Pitt, y no tendremos que lamentar nada.- dijo Ian acercándose a él decidido. Lo que podría considerarse como una amenaza o un aviso sonó totalmente neutral en la voz del ángel oscuro que tan sólo quería recuperar su tablero con el que una semana antes habían realizado aquella extraña sesión de ouija. Pitt negó con la cabeza iniciando una posición defensiva dispuesto a salir corriendo nuevamente a toda pastilla. –Venga, no seas idiota. Necesitamos el tablero y lo sabes.- Ian quería hacerle entrar en razón pero con Pitt era algo totalmente estúpido, sobretodo cuando estaba tan obcecado en algo como era el destruir la maldita ouija como en este caso.

-No. Voy a librarme de esta basura de una vez por todas.- respondió firmemente el vampiro que echó a correr dejando tras de sí una ráfaga de aire fresco. El ángel oscuro no se quedó quieto, desapareció en un chasquido de luz y volvió a aparecerse delante del vampiro frenándole como antes aunque esta vez, a diferencia de la anterior, al impactar cuerpo con cuerpo, se tambaleó y estuvo a punto de caer al suelo pero gracias a sus invisibles alas pudo mantenerse en equilibrio.

-Podemos tirarnos toda la noche así si quieres y no llegaremos a ninguna parte. Dame la tabla.- extendió una mano hacia él con la palma de la mano abierta hacia arriba esperando que le devolviese la tabla. Pitt seguía negándose a ello. –Puedes echar a correr tantas veces quieras que yo me apareceré para cortarte el paso.- El vampiro hizo un amago de volver a correr esta vez en dirección opuesta pero Ian que no perdía la calma rodó los ojos y decidió cambiar de táctica adelantándose a sus movimientos. Se metió en la cabeza del vampiro y le produjo un estallido de dolor intenso que bloqueó al vampiro de inmediato. Pitt se estremeció de pies a cabeza y flexionó sus rodillas por el dolor llevándose una mano a la cabeza tratando de mantener los ojos abiertos para no perder detalle de los movimientos del ángel oscuro que volvía a acercarse con paso sereno y total calma.

-¿Por qué te importa tanto esta mierda? ¡Solo es un trozo de madera!- gritó el vampiro con la mandíbula bien apretada, rechinando los dientes. No se podía creer que el ángel oscuro resultase ser así, seguramente que todo esto lo hubiese estado planeando pero no sabía el motivo, el por qué lo hacía cuando se suponía que eran amigos.

-Es más que eso, una pena que tu pequeño e insignificante cerebro jamás pueda llegar a comprender la complejidad y la importancia de este asunto.- respondió fríamente Ian que odiaba que menos preciasen sus cosas o las tomasen a la ligera cuando se trataba de algo de suma importancia y que albergaba un poder sin igual en el mundo que muy pocos habían logrado dominar, la mayoría habían acabado muertos; algo a lo que se enfrentaba Ian diariamente en su afán por saberlo todo sobre ese instrumento del demonio. Pitt, haciendo uso de su mano libre, sacó de entre su chaqueta deportiva una petaca cuyo contenido se podía prever que era algún tipo de bebida alcohólica fuerte. Le quitó el tapón con los dientes y empezó a verter su contenido en la ouija board. –Yo que tú no haría eso.- avisó Ian viendo como el idiota del vampiro manchaba su apreciada tabla de siglos de vida, por el bien de Pitt esperaba que no se le ocurriese prenderla.

-¿O qué? ¿Vas a chivarte a tus papis? ¡Ah no que te abandonaron cuando eras pequeño!- se burló Pitt riéndose del ángel oscuro al cual no tenía ningún miedo pese a que hace unos minutos atrás trataba de escapar de él a toda costa. Para él aquello era toda una tontería y el hecho de que el ángel oscuro nunca mostrase ningún rasgo característico de cualquier emoción no servía para que entrase en razón y viese si estaba bromeando o si de verdad iba en serio, por tanto él prefería tomárselo a guasa. A Ian en cambio, no le hizo ninguna gracia que se metiese con sus padres pues Pitt no tenía ni idea de lo que estaba sucediendo en su familia de verdad, nadie lo sabía nada más que su hermana y su tía Bellatrix. Por primera vez, en todo el periodo de tiempo que hacía que se conocían ambos chicos, Pitt pudo observar como el rostro de Ian se tensaba y se le hinchaba una vena del cuello mostrando que había herido su orgullo al nombrar el abandono de sus padres, por fin un Ian cabreado, aquello pintaba bien o eso creía… -¿Qué pasa Ian, echas de menos a tus papás?- volvió a burlarse con aquella sonrisa maliciosa tan típica de Peter cada vez que se metía con alguna de sus víctimas y las humillaba públicamente delante de decenas de personas. –Pobre, qué duro debe ser saber que no te quieren ni tus propios padres jaja. Das pena.-

-Yo daré pena pero tú estás muerto como se te ocurra hacerle algo a ese tablero.- respondió soberbio Ian mirándole fijamente con mucha ira a la vez que trataba de sosegarse, no debía enfurecer, no podía permitirse el lujo de que su vena de ángel oscuro saliese a la luz y se apoderase de aquella mente tan serena y clara que tenía. Él era mejor, sabía que podía controlar la cólera que ahora mismo pujaba por salir a la luz y descuartizar a aquel maldito vampiro en ese momento, pero no, aquello sería rebajarse a un nivel poco digno de la madurez que tenía, sería como ponerse a la altura del vampiro que ni si quiera sabía deletrear su nombre.

-¿Acaso vas a matarme?- preguntó el vampiro sin cesar de reír.
-No, de eso se encargará la ouija.- respondió con una frialdad y una calma que daban miedo aunque el vampiro seguía sin dar signos de ello y no hacía mas que reírse del ángel oscuro.
-Ya claro.- se carcajeó mientras se guardaba la petaca ya vacía y sacaba un mechero del mismo bolsillo, apretó la rueda de este y encendió una pequeña llama aún alejada del tablero impregnado en la bebida alcohólica. Ian tragó saliva.

-No lo hagas Pitt, por favor.- imploró sin poder hacer mucho porque el vampiro negó con la cabeza y colocó la llama bajo el tablero que prendió de inmediato extendiendo el fuego por toda su estructura. Pitt, de inmediato, lo tiró al suelo para no quemarse. Los vampiros y el fuego no eran muy amigos. Ian suspiró, cerró los ojos y apartó la mirada; se esperaba lo inevitable. Cuando volvió a dirigir la mirada a Pitt este aún seguía con aquella absurda sonrisota de oreja a oreja enseñando sus dientes amarillentos y la bolita de acero del piercing que tenía en el frenillo del labio superior.
Transcurrieron unos segundos de silencio entre ambos mientras el tablero se quemaba a su ritmo sin que nadie lo impidiese pero de repente la llama se apagó como si le hubiese caído un montón de tierra encima o un cubo lleno de agua, se consumió sin más dejando la tabla impecable, como si estuviese recién fabricada y nunca se hubiese prendido. Pitt, sorprendido, absorto por aquello que acababa de contemplar miró atónito a su compañero pidiéndole explicaciones pero éste se limitó a bajar la mirada caminando hacia el tablero y recogiéndola del suelo con mucho cuidado y cariño. Después se apartó del vampiro.

-No debiste de hacerlo, el que juega con fuego acaba quemándose.- dicho las palabras, el vampiro comenzó a arder de golpe. Combustión espontánea. Gritó de dolor al verse encerrado en llamas y sintiendo el dolor abrasador del fuego quemándole y quitándole la vida poco a poco bajo la atenta mirada del ángel oscuro que no movía ni un dedo por ayudarle. –A ver si de esta forma aprendes a respetar las cosas de los demás y a tratarlas con el respeto que se merecen.- se giró dando la espalda al vampiro que trataba de apagar las llamas de su cuerpo como podía: cacheteándose, restregándose contras las paredes de piedra, pidiendo ayuda a su amigo y, por último, tirándose al suelo y rodando sobre sí mismo; pero nada, las llamas no querían apagarse, ni si quiera cesaban.

-¡Iaaan, ayúdame!- suplicaba en vano pues el otro ni caso le hacía. Había que ver cómo habían cambiado las cosas en cuestión de segundos, ahora el que sonreía internamente era Ian sin demostrarlo al exterior.

-Tú lo has querido así, tan sólo te quería ayudar. Con tu inmadurez y estupidez nos estás poniendo en peligro a todos.- dijo sin girarse, total, sabía que el vampiro en 10 minutos como mucho estaría muerto. –Ya sabes, se sacrifica uno para salvar a unos cuantos. Qué heroico.- negó con la cabeza mostrando una pequeñísima sonrisa malvada. –Dulce muerte Pitt, nos veremos en el infierno.- desapareció en un chasquido de luz dejando en aquel punto del subterráneo al vampiro consumiéndose y gritando de dolor…

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20 – 04 – 2012 | 08:30 am

Todo el mundo en el comedor cuchicheaba por lo bajo provocando un murmullo continuo junto a miradas indiscretas llenas de asombro, miedo y compasión que buscaban a tientas a un único objetivo: Brandon Cooper. Nadie quedaba en el internado que no se hubiese enterado de la noticia ocurrida a lo largo de la madrugada mientras todos dormían.
Bianca, al ser la más madrugadora, fue la primera en leer la noticia mientras aparentaba desayunar algo en la mesa más apartada del resto en el comedor, tan sola como de costumbre. Se encontraba mojando una galleta en su vaso de leche cuando tuvo que dejar caer la galleta dentro del vaso para taparse la boca y ahogar el grito que le provocó leer la muerte de Pitt en el periódico escolar que cada mañana repartían a los alumnos en sus respectivos buzones situados a un lateral de la puerta de sus dormitorios. Su rostro empalideció de golpe y sus ojos se agrandaron como queriendo salirse de sus cuencas. En seguida buscó con la mirada al resto de miembros que habían hecho la ouija con ella hacía una semana para comprobar que nadie más había desaparecido o muerto.

•••

Samantha y Diane se encontraban en las mesas del centro del comedor tomando un desayuno rico en vitaminas rodeadas del equipo de animadoras que siempre quedaban para bajar todas juntas como buen grupo que eran a desayunar, comer o lo que fuese. Con ellas, justo en frente de Diane, se hallaba sentado Joel que, al ser jugador de fútbol, le permitían estar allí con ellas. Era Sam la que se encargaba de leerles a las demás las noticias más importantes, en especial, la sección de chismorreos y las listas rosas para poder fardar o meterse con alguna que no mereciera estar en algún puesto que publicase el periódico. La sangre se le heló cuando tuvo que leer tan trágica noticia y, al igual que reaccionó Bi, ella también se tapó con una mano la boca pasándole el periódico a Diane que abrió los ojos de par en par cuando vio la noticia. Seguidamente fue Joel el asomarse para ver y comprobar aquello que tan malo era y había dejado en shock a las chicas.

-Pitt…- susurró sin darse cuenta de que Brandon llegaba en ese momento por su espalda.

-¿Qué pasa con mi hermano?- preguntó este alzando una ceja y mirando al grupo. Todos dieron un brinco asustados y le miraron nerviosos sin saber como actuar ante aquello. Brad acentuó mas su ceja arqueada y le robó de las manos a Joe el periódico entonces leyó la noticia, respiró hondo, estrujó el periódico, arrugó la nariz mientras fruncía los labios, apretaba la mandíbula y sus ojos se tornaban rojos sangre y salió del comedor lleno de cólera e interiormente destrozado. Joel, Sam y Di se miraron entre sí, se levantaron a la vez y fueron tras él.

•••

Ian ni se molestó esa mañana en bajar al comedor, no tenía estómago ni para oler algo de comida, lo tenía revuelto y maldecía una y otra vez la soberbia de Pitt que había acabado llevándole a la tumba. Él sabía que no lo había matado, bueno en parte sí por no ayudarle, pero por lo menos le había estado previniendo e intentando que entrase en razón pero nada, que el vampiro siempre tenía que hacer lo que le salía de los huevos y así había pasado. Él tenía la conciencia muy tranquila, había hecho todo lo que estaba en sus manos, el otro no le había hecho ni caso asi que, solito se lo había buscado. Una y otra vez se repetía lo mismo, todo era por el bien del grupo, no quería más muertes innecesarias. Ahora era turno de salvar a los demás y evitar que tomasen decisiones equivocadas como el idiota de Pitt.

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27 – 04 – 2012 | 19:48 pm

-¿Dónde está Samantha?- interrogó Ian a Diane cuando ésta apareció en el viejo caserón del pueblo sin la otra. Estaban todos menos ella.

-No quiere venir, dice que pasa de esto y que lo hagamos sin ella.- respondió Diane que iba vestida con un precioso vestido corto negro y unas manoletinas también negras. –Después del entierro de Pitt se fue al dormitorio y no quiere salir de allí.- prosiguió mientras andaba hacia la mesa de cristal ovalada que había en mitad de la sala donde se encontraban todos para coger asiento al lado de Joel vestido con esmoquin todo negro que tenía la cara oculta en sus palmas para que no se le viesen los ojos enrojecidos que indicaban que había estado llorando hacía unos minutos antes. Brandon se hallaba en su lugar de siempre, sentado sobre el recoveco de la ventana enorme mirando al infinito con rostro ausente y unos ojos rojos furia y una lágrima escarlata recorriéndole una mejilla.

-Dije expresamente que teníamos que estar TODOS presente.- recalcó Ian manteniendo la calma aparente aunque por dentro estaba muy enfadado con la mala decisión de Sam, esto le podía costar la vida a aquella mocosa sin personalidad lame culos. –No podemos hacer nada si no estamos TODOS.-

-Lo haremos sin ella.- cortó Brad limpiándose la lágrima de sangre y bajándose de la ventana para andar hacia la mesa con paso firme y rostro serio.

-No podemos hacerlo, es peligroso.- avisó Ian que una vez pasó inadvertido, esta vez por el hermano del fallecido.

-¡Mi hermano a muerto por culpa de esta cosa. Hay que destruirlo como sea!- gruñó embravecido encarándose al ángel oscuro que ya estaba más que harto de que no se tomasen sus advertencias en serio y se encaró también con el vampiro dispuesto a sumirse en una pelea contra él dejando de lado lo pacífico que solía ser.

-¡Ya está bien! ¿No?- interrumpió Bianca que estaba hecha un ovillito en uno de los sillones azules de terciopelo que había cerca de una chimenea apagada en ese momento. -¿Acaso no os dais cuenta de la situación? ¿Acaso no sois conscientes de que esto nos viene grande?- su tono de voz alzado desprendía una vibración débil que significaba que estaba a punto de echarse a llorar pero estaba tratando de aparentar valentía y aguantarse las ganas para cuando estuviese sola en la sala común femenina o en su cuarto. Pensaba en lo mucho que necesitaba a su hermana Natalie y en lo reconfortante que sería ahora recibir uno de sus asfixiantes abrazos. –Peter ha muerto y a vosotros no se os ocurre otra cosa que pelearos como niños chicos. Deberían mostrar un poco más de respeto por el difunto y trabajar juntos para solucionar esto lo antes posible si no quieren que alguno de nosotros ocupe otro lugar en ese cementerio.- se acalló agachando la cabeza y balanceándose sobre sí con miedo a la reprimenda que podía caerla por haberles interrumpido así como así pero no pudo evitarlo fue algo que la salió de dentro. Todos se callaron y la miraron, pero ninguna la dijo una mala palabra. Ella tenía toda la razón en el momento, ahora más que nunca debían estar juntos y ayudarse mutuamente si no querían acabar como Peter Cooper.

-Al menos intentémoslo.- dijo Brad mirando a Ian. El ambiente parecía haberse calmado algo y la tensión que había entre los dos chicos se había apaciguado permitiendo que cada uno dialogase en condiciones y se sentasen cada uno en un punto de la mesa. Ian le hizo una seña a Bianca de que se acercase y se sentase a su lado. Ella lo hizo con cierta timidez.

-Si no está Sam podemos empeorar las cosas.- volvió a avisar Ian mirando a Brad.

-No vendrá ni aunque la arrastremos.- comentó Diane que era la persona que más conocía a su amiga también sirena y animadora.

-Pues no queda más remedio que hacerlo entre nosotros.- sentenció Brad sin dejar que Ian reprochase, éste se dio por vencido lamentándose interiormente, acabarían muertos todos…

-Está bien… ¿Estáis listos?- miró uno por uno a los componentes de la mesa.

-¿Para morir? No, gracias.- murmuró Joe alzando la cabeza y poniendo automáticamente el dedo índice de la mano derecha en el culo del vaso de cristal que iban a utilizar de plancha porque no sabían dónde había quedado la plancha de metal que usaron en la anterior sesión. Había desaparecido sin más, ni Ian sabía de su paradero.

-En fin…- susurró Ian soltando el aire lentamente por la nariz. Todos colocaron el dedo en el vaso. –Audscias ¿estás ahí?- preguntó al aire. El ambiente volvió a tensarse por el miedo y los nervios, Joe murmuraba en voz baja y rezaba porque el espíritu no diese señales de “vida”. –Audscias, si quieres comunicarte con nosotros ahora es el momento de hacerlo.- prosiguió el ángel oscuro pero no obtuvo respuesta. Lo intentó unas cuatro veces más dejando un buen periodo de espera por si tardaba en llegar cualquier tipo de respuesta pero el vaso ni se movía. –Sesión finalizada.- quitó su dedo y los demás le siguieron.

-Mala sue..- las palabras de Joe quedaron ahogadas en el aire pues el vaso comenzó a moverse por las letras del tablero: S-A-M-A-N-T-H-A.

-No ha querido venir.- respondió Ian temiéndose lo peor cuando leyó el nombre de la chica que no había querido acudir a la cita pese a que la habían advertido que no podía faltar.
S-A-M-A-N-T-H-A. S-A-M-A-N-T-H-A. S-A-M-A-N-T-H-A. S-A-M-A-N-T-H-A. S-A-M-A-N-T-H-A. El vaso se puso como loco yendo de una letra a la otra, cada vez con más velocidad produciendo un chirrido estrepitoso al desplazarse, siempre repitiendo el mismo trayecto, formando la misma palabra sin descanso.

-¡Haz que pare Ian, haz que pare!- gritó Bianca arrastrando su silla un paso hacia atrás para separarse de la mesa un poco, el ruido iba en aumento y se estaba haciendo sumamente molesto para los oídos de todos, sobretodo de los vampiros y la sirena que se los tapaban para evitar que les estallase los tímpanos. El vaso se fue calentando fruto de la fricción con el tablero, como consecuencia de ello, llegó un momento que estalló y varios de los cristalitos fueron a dar a la piel de la sirena, la humana y el ángel oscuro que quedaron llenos de pequeñas heridas sin importancia en manos, brazos e incluso en alguna parte de la cara. A los vampiros no les pasó nada porque los cristales chocaron con la dura piel y salieron rebotados como si nada. Diane gritó de dolor al sentir sus heridas sangrando levemente, Joel se apartó corriendo de las víctimas tapándose la boca y la nariz al igual que Brad que prefirió irse a una ventana. Estaba demasiado sediento…

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27 – 04 – 2012 | 20:31 pm

La habitación yacía totalmente iluminada, no había ni un solo espacio que no estuviese con una luz. Desde lo de Pitt, Samantha no había sido capaz de dormir con la luz apagada, ni si quiera sola. Todas las noches desde la noticia había ido a dormir al cuarto de su inseparable amiga Diane que estaba al lado, incluso se estaba replanteando la idea de mudarse con ella al cuarto.
Una hora antes había estado discutiendo con su querida amiga porque quería que asistiera a la quedada con los demás participantes de la ouija, iban a cerrar de una vez por todas todo el entuerto pero ella estaba tan afectada que no podía dejar de llorar y llorar. No quería ver a nadie, tan sólo encerrarse en su cuarto donde estaba a salvo de todo y cubrirse con la manta de la cama hasta que Diane regresase y estuviese con ella. Y ahí se encontraba ella, en su cama rosada rodeada y cubierta por almohadones y peluches presa del pánico contando los segundos para que regresase su amiga pero los minutos avanzaban tan lentamente que en cualquier momento acabaría gritando histérica. Un montón de pañuelos usados decoraban tanto la cama como el suelo, indicaban todo lo que había podido llorar la sirena, y aún seguía. No era de extrañar que acabase deshidratada ante aquello y el esfuerzo de mantenerse cuerda y no morir en un ataque al corazón por el miedo. Tenía el móvil entre sus manos dispuesta a llamar a Diane para saber cuánto tardaría en llegar o a cualquier otra persona en caso de que pasase algo extraño.
La puerta sonó, tres toques exactos y pausados. La sirena se acurrucó más queriendo hacerse pequeña en ese momento. Otros tres toques más sonaron con la misma pausa entre ellos. Sam alzó la cabeza y miró a la puerta esperando poder ver a través de ella, algo imposible por el momento. Se levantó colocándose sus zapatillas de conejito blanco pomposo y, temblorosa, se acercó a la puerta.

-¿Quién es?- preguntó con voz débil. Nadie respondió. -¿Hay alguien ahí?- repitió indecisa, no sabía si girar el pomo y abrir o volverse a la cama y taparse hasta arriba. Volvió a sonar la puerta. –No estoy para bromas.- giró el pomo de golpe y abrió esperando ver al pesadito de turno gastándola una broma pero en su lugar no vio a nadie, el pasillo estaba desierto y era imposible que a alguien le hubiese dado tiempo a recorrer la enorme distancia que había de ahí a la esquina más cercana donde esconderse. Puso los ojos en blanco y volvió a la habitación. –Muy gracioso…- seguro que era el payasete de Ian, siempre gastando bromitas pesadas en el peor momento. La puerta se cerró sola tras de ella y Samantha gritó del susto llevándose las manos al pecho con la respiración muy ajetreada, pero eso no fue todo, cuando se dirigía a por el móvil que había dejado olvidado en la cama, todas las luces fallaron al mismo tiempo. ¿Casualidad? Podía ser pero… ¿Hasta las velas fallarían en caso de un pequeño corte eléctrico o sobrecarga? Aquello no pintaba bien… Samantha corrió a buscar entre los peluches, cojines y almohadones el móvil pero no lo encontraba de lo nerviosa que estaba, ahora es cuando se arrepentía de no haber ido con Diane, por lo menos hubiese estado más segura que ella sola en el cuarto. Todos los focos de luz volvieron a fallar, esta vez de forma intermitente y constante dejando en penumbras y casi sin visibilidad, pues no le daba tiempo a que sus ojos se adaptasen ni a la luz ni a la oscuridad, a Sam.
Cuando la luz regresó finalmente Sam aún no había sido capaz de encontrar el dichoso móvil y al alzarse se dio cuenta de que en todas las paredes de su habitación habían surgido unas pintadas con sangre: FALTAS TÚ. VAS A MORIR. FALTAS TÚ. VAS A MORIR… Samantha salió corriendo de su cuarto ya sin molestarse en el móvil.

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27 – 04 – 2012 | 21:05 pm

Ian estaba curándoles las heridas a ambas chicas, eran unos cortes leves que tan sólo dejarían una pequeña rajita que se iría a los dos días, mientras ambos vampiros estaban distanciados por seguridad de los tres heridos. No se iban a acercar hasta que los tres tuviesen todos los cortes bien tapados. La puerta de la mansión abandonada se abrió poniendo en alerta a los cinco jóvenes, Ian ya se preparaba para orbitar con las chicas en caso de que fuese alguien que no debía verlos allí y los dos vampiros se pusieron de un salto de pie en el poyete de la ventana dispuestos a saltar hacia abajo y salir corriendo si lo necesitaban, sin embargo, lo que escucharon a continuación fueron gritos femeninos de socorro.

-¡¡DIANE, DIANE!!- Samantha subió las escaleras de la mansión casi sin aliento pero no iba a parar hasta estar con los suyos aunque desfalleciera por el camino. Abrió la puerta del salón de par en par y atravesó la estancia a toda prisa hasta tirarse en brazos de su mejor amiga llorando desconsoladamente, Diane la abrazó tratando de apaciguarla. Todos miraron curiosos a la espera de saber qué la había sucedido.

-¿Qué sucede cielo?- preguntó su amiga preocupada secándola las lágrimas y acariciándola el pelo. Sam no podía ni hablar. Ian desapareció sin que nadie se percatase y apareció segundos después con un vaso de agua fresca tendiéndoselo a Sam.

Tardaron bastante rato en sosegar a la pobre sirena, mucho más en sacarla lo sucedido pero al fin y al cabo todos supieron y comprendieron que debían tomarse aquello con más tacto y respeto, y que las advertencias de Ian eran mejor cumplirlas si no querían acabar criando malvas.

•••

-Entonces este será el pacto: Nadie hablará de lo sucedido aquí desde el comienzo de esto, todos guardaremos silencio. Lo que suceda será cosa de nosotros y de nadie más. Si uno cae, caerá el resto. Aquel que se vaya de la lengua quedará excluido del grupo y tendrá que pagar las consecuencias de todos pero de la forma más elevada posible, el castigo será votado y valorado por todos. Se seguirán las instrucciones a raja tabla tal y como nos indique Ian ya que es el que más conocimiento de esto tiene. Lo que empezamos nosotros lo acabaremos nosotros. Una vez al mes nos reuniremos en este mismo lugar para tratar de cerrar la puerta que hemos abierto luchando contra las consecuencias que conlleven cada sesión y sin negarnos a saltarnos ninguna. Nadie echará las culpas a nadie sobre lo sucedido ni reprochará los actos o conducta de alguno de los miembros. Todos y cada uno de nosotros está de acuerdo con que esto lo hicimos entre todos y todos tenemos parte de culpa. Todos nos ayudaremos entre todos, si uno tiene un problema, el resto también. Cada uno de los miembros se compromete a volcarse en cuerpo y alma por cada miembro dejando atrás rencores, odios y demás que puedan entorpecer nuestra tarea de remediar la situación. Quien no esté dispuesto a aceptar estas condiciones que lo diga ahora y se tomarán las medidas adecuadas prometiendo que nunca abrirá la boca sobre el asunto y que hará como que jamás existió esta historia. ¿Alguna objeción? ¿Ninguna?- Bianca que era la encargada de leer el texto redactado entre todos miró a cada uno para ver que ninguno estaba en contra de aquello. –Entonces haced el favor de firmar aquí.- uno por uno fueron firmando con una tinta especial mágica que revelaría si alguno faltase a su promesa o a cualquier otro punto, comprometiéndose con el grupo que acababan de formar. Los 5.




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