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Noche y bosque {August}

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Noche y bosque {August}

Mensaje por Invitado el Sáb Jun 23, 2012 6:49 am

Era un bonito atardeser, debía de preparar la clase para mis alumnos, pero realmente, a pesar de haberlo intentado muchas veces, no podía. Simplemente me distraía, ya sea por una brisa o una polilla que volaca cerca mío, cualquier partícula era un universo de interés para mi en comparación al tema que debía impartir. No es que sea aburrido, si no que tenía tan asumidas algunos hechizos que era como explicar a la clase qué es respirar y su correcta forma de hacerlo.
Me descalcé, me vestí como para ir a ensuciarme, con un vestido largo de tela no muy importante, pero de todas formas bonito y de ésta época. Solté mi cabelloo, que usualmente ato para pensar o hacer cosas importantes, y fui a internarme en el bosque sin ninguna prisa, oyendo el viento, la shojas de los árboles... no podía estar mucho tiempo sin mis pies en contacto con la tierra.
Pretendía quedarme allí un rato, ver si los árboles andan en un buen crecimiento, fijarme que no haya ningun peligro para la flora o la fauna del lugar, o simplemente tirarme y dormir un rato en el sitio que prácticamente es mi hogar, mi naturaleza.
Había caminado ya un buen tramo y llegué a un claro donde pude ver el cielo, ya había caído la noche. Me senté en el centro exacto del claro, todo estaba muy silencioso, los humanos comunes podrían asustarse de esa silenciosa y oscura situación, pero ¿Cómo asustarse de un sitio que es tuyo?
Cerré mis ojos unos momentos para meditar, mi padre siempre me dijo que eso es necesario, de ahí todos sus teoremas, tuve un buen maestro en ése aspecto.

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Re: Noche y bosque {August}

Mensaje por August Z. Silverman el Sáb Jun 23, 2012 8:07 am

Aquel que hubiera posado su mirada en el bosque habría avistado la figura del elfo dejando la enfermería cuando el sol ya estaba a punto de ocultarse. Como siempre, su mente había dejado la fría habitación de piedra en la que solía atender a los heridos para ir a un lugar que, como elfo, necesitaba: un bosque. Algo con vegetación le iría bien, al menos para dejar atrás la sensación que la muerta e inerte piedra le provocaba. No es que siempre se sintiera incómodo en espacios cerrados como aquel, pero muy a menudo sentía la llamada de lo vegetal. Los bosques, las hojas…ansiaba oír el roce del viento entre las hojas, sentir que conectaba con la naturaleza en general. Aunque era un ser a quien le gustaban los edificios construidos por manos humanas, no podía olvidar sus instintos y, de vez en cuando, dejar esos edificios para internarse en lo mas profundo del bosque, obedeciendo así al elfo que llevaba en su interior, aquel que clamaba por sentir la hierba entre sus manos y respirar el aire puro que no se veía en las grandes ciudades. Claro que no siempre obedecía a aquel sentimiento. August necesitaba estar donde estaba la acción, y nunca pasaban cosas interesantes en los bosques o entre las plantas. Lo interesante de verdad estaba en las ciudades, donde se concentraba un mayor número de gente y, en consecuencia, había mucho más margen para que las cosas se tornaran divertidas. En cambio, ¿Qué se podía hacer en un bosque? Nada divertido. Ese había sido uno de los motivos por los cuales el rubio había tomado la decisión de quitar del medio a todo aquel que se pusiera en medio de su camino, como habían sido sus “amados” progenitores. Ellos habrían impedido todo movimiento libre de August, razón por la cual había decidido cortar de raíz ese problema. Si hubiera seguido como hasta entonces se habría estancado entre árboles, entre idas y venidas sin hacer nada que satisficiera su ambición. El elfo no quería ni pensar en la posibilidad de que eso se hubiera hecho efectivo. La opción que había elegido había sido la más satisfactoria, al menos desde su punto de vista. Al fin y al cabo, su punto de vista era el único que le interesaba en la vida.

Y fíjate hasta donde había llegado. Bien, puede ser que el puesto de enfermero en un internado no fuera el puesto más glamuroso o el de más éxito. Sin embargo, era el que mas margen le daba para sus propios planes. Por el momento, estaba en un lugar que concentraba mucho poder mágico en su interior, más de lo que August había visto en su vida, y eso en principio ya le atraía. Se pasaba las noches pensando en como poder obtener todo ese poder para si mismo, trazando miles de planes que podrían encumbrarle hasta que se dormía, para después seguir por el día con la tapadera que se había forjado como buena persona que se preocupa por los demás. Nadie sospecharía de él, porque ¿Cómo ibas a posar los ojos en el enfermero que siempre te ha tratado bien? Actuaba como si fuera la mejor persona que había en el mundo, y gracias a esa actuación sería el último en la lista de sospechosos cuando algo malo pasara. Y eso era algo que le convenía, por el momento. No llamar la atención, que nadie dudara de sus buenas intenciones. Para cuando hubiera alcanzado el objetivo por el cual había llegado a aquel lugar, sería demasiado tarde para todos los que hubieran entorpecido su camino.

El hombre llegó hasta el bosque moviéndose en silencio, como una sombra, sin que sus pies hicieran ningún tipo de ruido sobre la hierba. Estaba en su elemento: allí era donde se sentí más cómodo en el mundo, aunque él sostuviera que su sitio preferido en el mundo era aquel donde tuviera algún tipo de influencia en la sociedad de poder. Nunca reconocería ante otras personas que le encantaba estar con la naturaleza, aunque dudaba lo mas mínimo que alguien le preguntase tal cosa. Con suavidad, se agachó elegantemente para rozar con sus dedos la hoja de una planta que reconocía muy bien de sus tratamientos. Le gustaba mucho experimentar con plantas, pues así podía aunar su naturaleza que le llevaba por el camino vegetal y su tapadera como enfermero. Y, mucho mejor, le permitía no solo experimentar con remedios, sino con venenos. Muchas de las `plantas que él recogía eran mortales para los seres humanos, y August se dedicaba a preparar remedios confeccionados con ese tipo de plantas, probando un veneno diferente cada vez, teniendo así cada vez mas recursos con los que acabar con la gente cuando lo encontrara conveniente. Sus manos se cerraron esa vez sobre una planta, arrancándola de forma suave. Había reconocido esas hojas y, efectivamente, no eran aptas para el consumo humano. No eran mortales, pero aun así no sentaban demasiado bien, y por el momento eso le bastaba al rubio. Seguro que podía darles buen uso.

Las desgastadas zapatillas deportivas del hombre le llevaron hasta un claro, donde comprobó como había alguien ocupándolo. Se trataba de una mujer, pudo ver, de pelo negro largo, muy concentrada en lo que fuera que estuviera haciendo. Aun desde la distancia que los separaba, August pudo asociarla con una de las profesoras del internado, aunque su nombre no acudía a su mente en aquellos momentos. Se preguntó que hacía allí, aunque después pensó que lo mejor era no hacerse ese tipo de preguntas: él mismo no estaba haciendo nada bueno, y no le hubiera gustado nada que la gente le hubiera ido preguntando acera d ello, Por supuesto, si lo hubieran hecho, habría mentido de la forma mas vil, y la potra persona le habría creído, pues a los oídos de los demás sus mentiras contaban como verdades. Sacó del bolsillo de sus vaqueros una pequeña bolsa en la que guardó las hojas que había recogido, y con la cara mas inocente que pudo poner {que fue mucha} entonó una suave melodía en un tono bajo, mientras sus manos fueron de nuevo a las hojas de las plantas circundantes, que esta vez eran benignas para el ser humano. No había nada extraño para un enfermero buscar plantas medicinales, de modo que nadie sospecharía de su presencia allí. Como todo lo que hacía, no había nada sospechoso. Bien se ocupaba él de hacer que así fuera.


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Re: Noche y bosque {August}

Mensaje por Invitado el Dom Jun 24, 2012 1:16 am

Estuve un tiempo allí, sentada en medio del claro, pensando, oliendo el aroma del bosque, sintiendo el pasto bajo mis pies, en mis manos, podía sentir ya el aura del pasto y de los árboles cercanos, tal vez fuera mi imaginación, pero se que toda vida emana su propio ser un poco más allá de lo que puede verse o tocarse, y el pasto, los árboles, los insectos y los pequeños animales del bosque no eran la excepción.

Un canto suave legó a mis oídos de forma repentina, pero era agradable oírlo. Yo también solía cantar de esa forma, en tonos muy parecidos, sólo que ésta era una voz masculina. Poco a poco fui desprendiendo mi conección con el bosque hasta abrir los ojos lentamente y poder ver los árboles que estaban en frente de mi. Volteé a ver quién emitía la melodía.

Ahí estaba, un hombre bastante alto, era un elfo como yo, aunque deduje que un poco más joven, al menos eso aparentaba. Lo había visto en los pasillos, pero no sabíoa si era algun profesor o tenía algun otro cargo, tal vez era alumno, no estaba segura.

Me paré suavemente dando mi última caricia a la tierra y su naturaleza. Caminé despacio hacia el muchacho.

- Hola - lo saludé con voz suabe y el mismo amor al prójimo que solía sentir por todo ser viviente. Toqué la planta que él también tocaba. - ¿Descansando? - pregunté sólo por hacer conversación. Esperaba que no se ofendiera por eso.

Era el primer elfo que veía desde que estaba en la institución, y eso que somos fáciles de ver, tal vez éramos los únicos.

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Re: Noche y bosque {August}

Mensaje por August Z. Silverman el Dom Jun 24, 2012 6:21 am

August desvió la mirada con disimulo, comprobando como su suave melodía había sacado de su trance a la mujer con la que compartía claro en esos momentos. No tenía muy claro el por qué había avisado con aquel gesto su presencia ante la muchacha: bien podía haber pasado de largo y continuar su camino, y seguramente ella no le habría detectado. Pero siempre venía bien tener un testigo presencial por si las cosas se ponían feas. Por si alguien preguntaba “¿Dónde estuviste esa noche?”, el rubio bien podía decir donde se encontraba, e incluso podría decir que tenía una testigo. Aunque eso era un plan rebuscado de la mente de August, que siempre tenía que trazar planes de escape que el cubrieran las espaldas, y sin ellos no se sentía cómodo ni seguro. En realidad, también había un componente oculto en llamar de esa manera la atención de la joven, y es que August, como todo ser humano, necesitaba relacionarse con otra gente. No siempre ni muy a menudo, pero en algunas ocasiones si que le venía aquel deseo de entablar una conversación con alguien. Y además, que se aburría mucho Y si aquello podía hacer que se entretuviera por lo menos por un rato, pues entonces era mas que bienvenido..

Y unos momentos mas tarde tenía a aquella mujer a su lado. August pudo comprobar que se trataba de una mujer atractiva, una elfa como también lo era él. Durante su estancia en el internado el hombre no había visto casi nadie más de su misma raza, únicamente un par que habían ido a la enfermería con motivo de unos dolores que no podían soportar. Pero así, fuera de su estancia, apenas los había vislumbrado. Tampoco es que el ojiclaro quisiera ser Míster Popularidad, y por eso se dejaba ver muy poco por allí. De ese modo, poco podía haber oteado de los estudiantes que conformaban aquella escuela, aunque a algunos de ellos si que les había echado el ojo: a algunos particulares que habían llamado su atención por los poderes que poseían. El elfo discernió que la mujer que tenía a su lado era alguien más mayor que él, al menos, unos pocos años de apariencia. Sabía que realmente podría tener muchos mas años de los que aparentaba, y la sensación que le trasmitía era que era algo mas mayor que él. Para ser un elfo, August se podría considerar como alguien joven: apenas unos 84 años para una especie cuya esperanza de vida rozaba los 500 años. Por ello, se dijo a si mismo que debía tener cuidado con lo que hacía: a pesar de confiar plenamente en sus capacidades mentales y en su inteligencia, sabía que la edad y la experiencia eran un factor clave muchas veces cuando se trataba de ganar o perder. A lo largo de sus 84 años, August había aprendido a no subestimar lo que la edad puede hacer que comprendas, aunque no temía a los que eran más ancianos que él. Podía respetarlos, tenerlos en consideración, pero jamás temerlos.

-Buenas noches, señorita- la saludó en tono afable, inclinando la cabeza a modo de saludo. Ahí entraba el modo “chico bueno” que August mostraba con todo el mundo, una máscara tras la que ocultaba su verdadero yo, que nunca enseñaría a quien no le fuera conveniente. Y mostrar su verdadera cara a la mujer que se encontraba a su lado no hubiera sido nada inteligente. August no acostumbraba a hacer cosas que no fueran inteligentes. –No, que va – respondió con una carcajada – Me temo que no puedo descansar de este trabajo ni un momento….incluso cuando tengo un poco de tiempo libre, lo dedico a buscar remedios naturales- le explicó, desviando la mirada de la mujer para posarla sobre la planta que tenía rozando entre sus dedos, como queriendo reforzar sus palabras. Cualquiera que supiera un poco de plantas se habría dado cuenta de que aquella precisamente tenía unos efectos positivos para el organismo del ser humano. Una planta muy convenientemente puesta en aquel lugar, porque reforzaba la mentira que el rubio había soltado sin ningún tipo de reparo, sonando a la mas pura verdad una vez fue expulsada de sus labios.

-Y….esto….siento haberla molestado antes – le dijo, pasando una mano en gesto nervioso por su pelo, revolviéndolo un poco – No sabía que estaba concentrada….Discúlpeme por interrumpirla con la melodía de antes…-Disculpas falsas que no sonaban nada forzadas si era August quien las pronunciaba, porque aunque para la gente de fuera eso había sonado como una disculpa desde el corazón, y hasta su actuación de estado de ánimo nervioso había resultado mas que convincente, en su interior el rubio no sentía nada de lo que había hecho. ¡Como si pensara que algo de lo que alguna vez había hecho estuviera mal! Simplemente es que le convenía que pareciera que así era. Venía bien que la gente le considerara como alguien que siente molestar a los demás y que se ponía nervioso cuando tocaba entonar esas disculpas en voz alta, pues se diferenciaba tanto de su ser interior que nadie podría adivinar nunca las verdaderas intenciones que el enfermero tenía. Y eso era algo que a August le convenía mucho en vistas al futuro.

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Re: Noche y bosque {August}

Mensaje por Invitado el Mar Jun 26, 2012 9:50 pm

Prestaba atención atenta a sus palabras, si bien todos los seres a mi alrededor son importantes, en éste momento mi ser de interés era el Elfo que acababa de conocero. ¿Se habrá dado cuenta que soy un una Elfa? Si duda, estoy segura que sí. Y si es así, ¿Por qué no me hablaba como solemos hacer entre nosotros? Tal vez la costumbre y miedo a entrometerse poniendo su voz en mi mente, sí, seguramente éso era.

- Espero que esté ocupado por prevenir antes que por curar - comenté. Evidentemente era el doctor de la institución, ya sabía entonces a quién recurrir si pasaba algo conmigo, aunque hace años que no me lastimo ni me enfermo, ya se cuidarme muy bien, pero accidentes hay en todo sitio.

- No hace falta que te disculpes, no has interrumpido nada en absoluto, sólo que suelo venir a pensar aquí de vez en cuando - le dije con una radiante sonrisa. Últimamente las personas se disculpaban a menudo conmigo. ¿A caso parece que estuviera haciendo algo importante la mayor parte del tiempo? Podría ser, pero tendría que solucionar el tema de las disculpas, tal vez fuera mi gesto de concentración al hacer mis quehaceres.

Despejé mi mente de cualquier pensamiento, miré a mi interlocutor sin ninguna barrera o velo que pudiera tapar lo que yo soy, para que me viera tal cual como debía ser. Sentía y sabía que podía ver un poco más allá él, o al menos eso me pareció. Pero no pude verlo a él completamente, veía sus ojos, su expresión agradable, veía simpatía, pero no podía sentirla, pero recién es la primera converzación, debía de ser paciente.

· Me llamo Llura Klint y soy la profesora de Hechizos. · dije con una sonrisa y sin mover los labios ni de verlo a los ojos. Intenté poner esa selectiva información en su mente junto con un sentimiento alegre por haber encontrado a alguien de mi raza. No sólo podemos decir palabras, si no expresar algunos sentimientos complejos, mostrándolos como un reflejo a nuestro compañero de raza. Hacía ya mucho que no hablaba de ésa forma.

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Re: Noche y bosque {August}

Mensaje por August Z. Silverman el Miér Jun 27, 2012 3:58 am

La conversación con palabras estaba bien, al menos, en lo que a August se refería. Siempre había preferido comunicarse de ese modo a la alternativa, el modo en el que los elfos podían hablar con los suyos por medio de su mente, sin usar ningún tipo de palabra. Pero al rubio jamás le había gustado eso. Con la palabra podías inventar, podías mentir, ocultar. Pero cuando hablabas con la mente, había que tener mucho control para no denotar que estabas haciendo lo que es tan fácil hacer con la palabra. A fin de cuentas, lo que haces es abrir tu mente hacia la otra persona, e incluso transmitir lo que sientes en esos momentos. A August, aunque nunca lo admitiría, no se le daba bien eso de ocultar sus sentimientos cuando hablaba con su mente, y por eso, siempre que podía, evitaba hacer tal cosa, pues si la gente de verdad supiera lo que el hombre sentía cuando estaban hablando con él, seguro que su tapadera de buena persona se iba al garete. Y no le convenía. Fingir con la mente era una tarea mucho mar ardua y agotadora que hacerlo con un gesto o con las cosas que se decían, de modo que el rubio se preparó mentalmente por si la ocasión se presentaba. A fin de cuentas, si no lo lograba con éxito, siempre podía echar las culpas a la falta de costumbre.

-Por supuesto- repuso calmadamente, aunque una pequeña parte en su interior estaba gritando furiosamente. “¿Quién se cree que es para cuestionar mi trabajo? ¿Acaso piensa que ella lo haría mejor?” se dijo el joven a si mismo con cierta rabia. Ciertamente August no tenía las mejores intenciones del mundo al ejercer su trabajo, pero lo hacía correctamente, y no soportaba a aquel que quisiera pasar por encima de él. – La prevención es la clave de todo. Sin embargo, hay muchas cosas que no se pueden prevenir, así que curar también es una de mis prioridades – le explicó, aunque dudaba que ella lo hubiera preguntado por verdadero interés. Seguramente solo lo habría preguntado por ser amable o cortés, y por ende, al hombre no le quedaba más remedio que responderle con la misma moneda, aunque no le entusiasmara, precisamente. Pero uno no puede hacer siempre lo que quiere, y eso August lo sabía muy bien: a veces, para conseguir aquello que se desea se deben hacer cosas desagradables en el camino. Y normalmente, merecía la pena cuando ese objetivo se cumplía.

-Claro, todo el mundo necesita estar a solas con sus pensamientos de vez en cuando….sobre todo alguien con un trabajo que implique cierto esfuerzo – comentó, sin querer con ello hacerle la pelota a la mujer. El rubio ya se olía que ella no era una alumna, eso estaba claro, por lo que las opciones que quedaban eran profesora o trabajadora del internado. August se inclinaba por la primera opción. Únicamente había hablado desde la experiencia, sin querer elogiar el trabajo que desempeñaba la mujer, aunque por las palabras que había pronunciado parecía que si la elogiaba. Nada mas lejos de su intención, pues no era costumbre del hombre elogiar a una persona que no fuera él. Eso implicaría admitir que había otra persona en el universo mejor que él, y eso era algo que el cerebro de August no podía procesar de ninguna manera.

Entonces fue cuando empezó el momento temido: la mujer empezó una conversación mental. August se preparó para ello: se ocupó de dejar la mente en blanco para no dejar ver más de lo que deseaba: hubiera sido horrible si no llega a ser así. Ahora la veía sin ninguna barrera que la visión mundana le hubiera proporcionado, pero no hizo lo mismo con ella. Le inquietaba que ella pudiera ver mas allá de su sonrisa afable y su rostro amable para descubrir lo que se ocultaba detrás, porque seguramente no le gustaría, y además, cabía la posibilidad de que luego lo fuera a contar todo por ahí. August se consoló a si mismo pensando que, si eso llegara a suceder, lo mas probable es que tuviera que acabar con ella. Sin que nadie sospechara que él había sido el artífice, por supuesto, pero de alguna manera u otra, si ella sabía como en realidad era él, y lo que era capaz de hacer por salirse con la suya, ella tendría que desaparecer del mapa para siempre.

-Encantado de conocerla, señorita Klint. ¿Es así como debo llamarla? – proyectó esos pensamientos hacia la mente de su interlocutora, sin dejar que nada mas lo despistase, concentrándose únicamente en esas palabras y en todo lo que le rodeaba para intentar alejar de su mente cualquier cosa que pudiera hacer que todo fuera mal – Yo soy August Silverman, y como supongo que ha intuido, soy el encargado de que nadie se haga daño, o curarle si es que sucede – continuó, proyectando junto a las palabras un sentimiento de respeto al conocer el rango de profesora de la elfa, así como una suave satisfacción por haber coincidido a otro ser de orejas puntiagudas como él. No era como el sentimiento alegre que ella había mostrado hacía unos momentos, sino algo más comedido y contenido, pero aun así se dejaba ver un sentimiento positivo. Bien se estaba encargando de que todo fueran sentimientos positivos, y de no enviarle por error alguno de los negativos que pugnaban por salir de su mente, pero que por el momento se quedaron dentro, aguardando un momento mas propicio para sacarlos a relucir, preferentemente cuando no tuviera una conversación mental con cualquier otra persona. –Supongo que entonces será mejor que no la haga enfadar….no quiero vérmelas con alguien que sabe tanto sobre hechizos.-bromeó, mientras que en el pequeño rincón de su mente protegido para que ella no pudiese notar nada, apuntaba ese dato como relevante. Era una profesora de hechizos, y aunque August pensaba que no había nadie mejor que él, tampoco era alguien temerario: sabía que ella, con su edad y su conocimiento sobre la magia sería una adversaria a tener en cuenta si resultaba que tenía que acabar con ella finalmente. No dejó, sin embargo, que eso influyera en la tranquilidad que mostraba exteriormente y en los sentimientos que dejaban entrever en su conversación mental. Esa tranquilidad contrastaba con el nerviosismo que había mostrado momentos antes, cuando había cruzado las palabras con ella, pero lo achacaría a un conocimiento mayor de la persona con la que trataba, y también por un inicio de conversación más íntimo y en el que se sentía más cómodo. Y todo arreglado.
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